jueves, 8 de marzo de 2012

La moderna Caperucita, en el Día de la Mujer Trabajadora


Cierta mañana del blanco invierno,
con nerviosismo y alta tensión,
Caperucita, la bien plantada,
se zampó al lobo bobalicón.

Salió de casa y dejó a su madre,
y es que sintiéndose ya muy mayor,
se fue al trabajo como una reina,
diciendo a todos aquí estoy yo.

¿Cómo fue eso? ¿Por qué lo hizo?
Después de hacerlo ¿qué le pasó?
No lo sabemos exactamente.
Lo que sabemos es que Perrault,

que era un machista de tomo y lomo,
contando el cuento se equivocó
y ahora se cuenta de esta manera
sin chochovainas y sin temor.

¿Cómo una chica tan preparada
iba a perderse sin ton ni son,
si había muchas independientes
como ella misma en su derredor?

Las chicas guapas, las chicas buenas,
las chicas listas, las chicas de hoy…
no hay hombre-lobo que se las coma,
ni a la abuelita, que no, que no.

Bien saben ellas ir al trabajo
en tren o en coche, de sol a sol,
y rendir tanto como el  más fuerte
ejercitando cualquier labor.

Creedlo, chicos, y a espabilarse
ante la nueva competición.
No necesitan cestas de flores,
les basta solo un poco de amor.

Y que las dejen, eso sí, siempre,
ir a su aire, sin otro son
que el que les dicta la real gana
y el bamboleo del corazón. 



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