martes, 11 de diciembre de 2018

Noche loca River-Boca (una crónica futbolística sonámbula)

Noche loca
River-Boca.
Bernabeu.
¿Es que es cierto lo que veu?
Toda Europa
volcada de proa a popa
y Norte a Sur.
¡Jesús, Jesús!
¡Qué cara y qué cruz!
Sonrisas y lágrimas
avivan las ánimas
y los bravos cuerpos
de sudores puercos.
América Arriba y América Abajo
Pendientes. Carajo.
También la Central
se hace un carajal.
¡Ojo que los ve
al River y al Boca
dándose con la punta del pie
pues es lo que toca.
¿Para qué y por qué?
Para un triunfo efímero
del que este plumífero
no sabe. No sé.
Gol del Boca Junior,
tormenta del River.
Líder, líder, líder…
líder liber es.
Minuto setenta y cinco:
el partido pega un brinco
que nos llena de emoción.
¿River? ¿Boca?
¡Ay, cualquiera se equivoca!
En un punto… el corazón.
Paciencia. Aún no ha acabado
el encuentro deseado.
No hay desaires
aquí como en Buenos Aires.
Igualdad de rigor
en el marcador:
uno a uno.
¿Cuál de los dos es más tuno?
Ya se sabrá cuando alguno…
se imponga
en esta alargada y retorcida conga.
Y final.
Nunca viví
—y mira que la sufrí—
campaña tan sinigual.
¿Fue verdad o la soñé?
Pues no lo sé,
pero aquí dejo
como un pendejo
la crónica del balompié.
3-1. Ya se acabó.
El River la remató.
Madrid. Diciembre. La noche
con un broche
de estrellas al par cubrió.
Y de Cibeles a Sol
la parranda discurrió
con banderas, brazaletes,
tamboriles, chansonetes
y tatuajes… ¡Cómo no!


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lunes, 10 de diciembre de 2018

Trashumancia hacia Belén

Los pastores del rebaño
de votantes españoles
trashuman hacia Belén
con corderos de colores
que son naranjos y azules,
rosados, gualdas, marrones,
morados, verdes, rojizos,
castaños, grises y ocres.
Unos con el puño en alto
y el corazón disconforme;
otros las manos abiertas
y cargados de razones;
otros más… con mucho miedo
a los lobitos feroces
con hambre de siete días
que trasiegan por el monte,
afilados los colmillos
como cuchillos de bronce.
No descansan ni un momento.
No se duermen por las noches.
Vela que te vela siguen
buscando al Rey de los hombres
que ha bajado de los cielos
y les espera en un pobre
pesebre como el de ellos
entre la nieve y  calores
de una mulita y un buey
que le alientan besucones.
Triscan lo que ven al paso,
hierbas, cardos, ramas, flores.
Al alba beben rocío
y se lavan los vellones
que les protegen del frío
de parameras y alcores.
No cierran los ojos nunca
ni echan la siesta a las once.
A mediodía se muestran
alegres y retozones
sobre las trochas que pacen
al mando de los pastores
y de los perros guardianes
que siempre llevan al borde
para que no se desmanden
de los límites mejores
abundantes en comidas
de aulagas, raíces, brotes
de campánulas y zarzas,
violetas y otros primores
azorinianos de gusto
literario, pese a voces
autorizadas de culto
en los Voxes de otro entonces.
Al fin llegan a la Cueva
del Señor de los señores
los corderos ateridos
de esta España de colores
y allí se inclinan gozosos
ante el que es Amor de amores
por los siglos de los siglos
que duren sus penas nobles,
pues no les defraudará
ese Dios que se hizo hombre
para salvarlos del trance
de una interminable noche,
la que empezó en el Edén
de los ríos corredores.
¡Ay qué duro es caminar
sin que ninguno te apoye!
Corderitos somos todos
al capricho de pastores.


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