lunes, 28 de mayo de 2012

Qué bonito es viajar, y todos pueden

No digas que no. Hay que moverse de sitio. Hoy cuesta menos una semana en Benidorm que en casa. Las opciones, sobre todo para los jubilados que se encuentran panza arriba sin saber qué hacer viendo no más que la televisión, las opciones y oportunidades, digo, son excepcionales, tiradas de precio.

¿Y lo que te enriqueces el cuerpo y el espíritu abandonando por unos días espesos tu casita de toda la vida? Airéate, ábrete, dátete.

No hagas pereza, muermo. El viaje te alumbra el pensamiento y te sumerge el sentimiento. Vivirás más adentro viviendo más afuera.

Y volverás distinto, te lo garantizo: Más nuevo, más animoso, más divertido.

Yo viajo y me sereno los nervios, me reciclo la agenda, me espabilo, me proporciono dosis mágicas de energía.

El mundo es grande, ameno y nuestro. Se hizo para nosotros como un paraíso terrenal, con sus diversidades de todo tipo.

No todos viven igual, no todos se encierran en su entorno, no todos echan la llave de su intimidad, sino que se dan, y hablan, y discuten, y controversian y se aproximan.

Anda, déjate de quejarte, de ensimismarte, de subsumirte.

Y luego me lo cuentas, que estoy deseoso de oírte y complacerte. ¿Te has enterado? Muy poca cosa eres sin los demás.

Vete, sal de ti mismo y de tus convenciones oxidadas, me lo agradecerás.


a.sotopa@hotmail.com

domingo, 27 de mayo de 2012

Árboles y libros cubren mayo de hojas


No los puedo separar, ni sé ni quiero. Árboles y libros van juntos conmigo, se me suben a la cabeza, gozo con ellos.

Hay quien los contrapone y se lamenta: A más libros, menos árboles, dice, y hace un mohín ecológico. No creo que sea para tanto. El árbol nace para morir y, tras ser transustanciado en papel, da nueva vida, más espiritual si cabe, al llenar ese papel de letras con las que el hombre se comunica de uno a otro continente. Su sacrificio resulta redentor de la ignorancia. Merece, pues, la pena que una parte de la especie se inmole por otra. Y siempre nos quedarán bosques como abanicos palpitantes para que gorgeen los pájaros.

Es verdad que los avances tecnológicos evitarán una sangría numerosa de ellos, pero el libro, creo yo, no desaparecerá tan rápidamente como algunos presumen. Por otra parte, seguirán haciéndose mesas, puertas, camas, barcas, mangos de herramientas, estanterías, perchas, banastas, ventanas, porches, balizas, mamparas...y bastones para la vejez.

Yo he plantado muchos árboles desde joven y me he sentado a su sombra con un libro en las manos. Sigo haciéndolo en los descansos de mis correrías por la linde de los ríos y los senderos de los montes. Ese placer solitario no se lo regalo a nadie.

Estos días se abre la Feria de los Libros en el Parque del Retiro madrileño, y allí estaremos firmando los escritores bajo la frondosidad de sus altivas copas. Nacieron unos para otros, se necesitan mutuamente. No hay mes mejor que Mayo para verlos en todo su esplendor, a los libros y a los árboles.


a.sotopa@hotmail.com