Contamos con la colaboración de la
Asociación de la Prensa de Madrid y la de los muy diversos medios audiovisuales
en los que el periodista todoterreno trabajó: RNE, TVE, Antena 3,
Intereconomía, Colpisa, etc.
En su memoria he redactado el
siguiente artículo, que servirá de guión para los vídeos que se proyecten.
Pepe Cavero
—no usaba el José ni admitía el Don por delante— fue, y lo será para siempre,
el periodista integral, justo, culto, laborioso e independiente que nos transmitió
la transición democrática que nos
gobierna y ampara de Adolfo Suárez a hoy.
Su cara de
niño bueno se le saltaba por los ojos cuando nos miraba por encima de las
gafas. Reservado y silencioso, pero con un espíritu inquieto volcado en la
actualidad informativa, poseía una capacidad inmensa de trabajo y apenas se dejaba
ver o notar, parapetado tras una montaña de libros y teletipos, que eran la
fuente de sus comentarios diarios y la muralla de su timidez.
Leonés de
pura cepa, nunca le oí una palabra más alta que otra ni una maldición de un
compañero competitivo o arribista, que en la profesión abunda.
Le conocí en
la redacción enladrillada del Arriba que dirigía Manuel Blanco Tobío al final
de La Castellana en el principio de los años setenta del pasado siglo, cuando
yo llegué a Madrid recién diplomado en Periodismo en la Universidad de La
Laguna, en cuyos bajos se había creado una delegación de la Escuela Oficial de la
capital, Capitán Haya, 33 (trasera del Ministerio de Información y Turismo) a
la que se desplazaban a examinarnos en junio los prebostes de entonces: Emilio
Romero, de Pueblo, Bartolomé Mostaza, de YA y Victoriano Fernández Asís, de
RNE, entre otros. Alumnos, ocho solo, ocho magníficos: Luis Alemany, Juan Cruz,
Fernando G. Delgado, Elfidio Alonso, Cristina García Ramos, Carlos Ramos
Aspiroz, Ramón Sánchez Ocaña y el que este boceto biográfico firma.
La
trayectoria profesional de Pepe Cavero está sembrada de éxitos periodísticos en
todos los medios en los que trabajó: Radio Nacional, Televisión Española,
Antena 3 Radio y Televisión, Farmaindustria, Iberia, Intereconomía, OTR,
Colpisa, Fax Press, Telerradio, Interviú…, la rehostia.
Precisamente
en INTERVIÚ colaboré gracias a él durante dos años con poemas eróticos y
satíricos a los políticos y la Jet Set del momento: Felipe González, José María
Aznar, Xavier Arzallus, Pujol, Roldán, Jesulín de Ubrique, Bibi Ándersen, Lola
Flores, Lina Morgan, Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Marisol, María José Cantudo,
Bárbara Rey, Norma Duval, Susana Estrada, Ana Obregón, Ana Belén.. y cincuenta
famosos y famosas más.
Ahora esa
sección que yo inauguré cuando no se estilaba publicar versos en las revistas…
la lleva Joaquín Sabina. Y me pagó como nadie me había pagado hasta aquel
entonces de los ochenta-noventa de “la movida”: 25.000 pesetas por
folio-holandesa, libradas mediante cheque en la sede de O´Donnell, filial de
Barcelona, donde reinaba Asensio.
Nadie
lograba entender cómo le daba tiempo a escribir tanto y tan de corrido, tan
deprisa. Lo mismo se le veía al amanecer por la calle Oquendo de Antena 3 que
en la madrugada en Prado del Rey. ¿Cuándo dormiría? Y eso que el corazón le
daba más de un susto y lo llevaba con un marcapasos como su amiga y protectora
Pilar Miró.
Su
curiosidad era insaciable. Era un lector voraz y un volante redactor de noticias, reportajes y
entrevistas, a los que potenciaba con una memoria rápida y brillante y una
pluma ágil y ligera que cuidaba con primor el lenguaje coloquial de la calle
mezclado con el lenguaje culto de los libros.
En la
prensa, la radio y la televisión se extendía por entonces una nueva “edad de
plata” con nombres de directores, redactores y colaboradores ingeniosos y
brillantes, muy “literaturizados”, como Emilio Romero, Luis María Anson, Jaime
Campmany, Pedro Rodríguez, Manuel Alcántara, Francisco Umbral, Pedro J.
Ramírez,… a los que se añadirían los neófitos criados bajo su custodia y
aliento, como Juan Luis Cebrián (Informaciones, El País), Raúl del Pozo,
Amilibia, el locutor García (Pueblo) José Luis Gutiérrez (Diario 16), Javier
Villán, Luis Otero (Arriba), Ignacio Camacho, Antonio Burgos, Santiago Castelo
(ABC), Rosa Montero, Elvira Lindo, etc, etc.
Del “Arriba” surgen en sus estertores Fernando
Ónega, Lalo Azcona y el propio Cavero, que,
al igual que la naciente UCD de Suárez, acabaría convirtiéndose en un “nido de
víboras”. La libertad de expresión —hasta entonces tabú— produjo estos
“monstruos” de la pluma y la palabra en el estreno de la democracia.
Mi primera
publicación con Pepe Cavero fue “Los más ricos del mundo”, que escribimos a dos
manos y nos editó el llorado Maestro mutuo Manuel Martín Ferrand y lo
distribuyó por librerías y kioskos, agotándose en un par de semanas.
Cavero me
introdujo en Pyresa y también en Colpisa, donde Manu Leguineche —otro tótem de
la información que estaba más en sus guerras o dando “la vuelta al mundo” que
en el despacho— dejaba en manos del eficaz y austero Fermín Cebolla el equipo
de redacción de la primera agencia autonómica, COLPISA, en Padre Damián 43, que
distribuía por La Vanguardia, El Heraldo de Aragón, Diario de Navarra, El
Correo Español-El Pueblo Vasco, La Voz de Galicia y otros diez diarios más…,
noticias, reportajes y entrevistas de interés provincial y local, con base en
Madrid, como “rompeolas” de las 17 Españas resurgentes y como centro neurálgico
de las comunicaciones políticas, artísticas, literarias y “rosas” o del
corazón. Con un par de teletipos, tres teléfonos y cuatro o cinco máquinas de
escribir nos bastábamos.
Umbral se
hizo popular allí junto con un plantel de mujeres (Mercedes Rodríguez, Susana
Olmo, Amalia Sánchez Sampedro, Pilar Cernuda, Marisa Ciriza, Rosa María Mateo…)
y un puñado de hombres: Javier Goñi, Mariano Guindal, Caverito y yo mismo.
Estallan los
casos de corrupción del PSOE: BOE, FILESA, MALESA… BANCO DE ESPAÑA con Mariano
Rubio, Los GAL con Barrionuevo…y allí estaba él, nuestro hombre, tomando nota
con un boli y una libreta o grabando en una “sanyo” diminuta de los chinos.
De todo ello
nos tenía al tanto Pepe Cavero con sus apretados “confidenciales” off the
record y resúmenes de prensa, que hojeaban con avidez a primeras horas de las
mañanas en los ministerios, las sedes de los bancos y las empresas, la Moncloa
e incluso la Casa Real. Pepe Cavero no sabía ni hacía otra cosa que trabajar.
Seriamente, rigurosamente, escuetamente, con vocación profesional, con amor a
la tarea, con una inmensa capacidad de atención y comprensión, sin sectarismo
alguno y sin dorarle la píldora a nadie, se llamasen sus amigos Francisco Fernández
Ordóñez o Adolfo Suárez, y aunque no les gustase su labor a Javier o Luis
Solana.
Y así, hasta
hace unos días. El 6 de junio, recién nombrado el gobierno de Pedro Sánchez,
fallecía en Madrid de un infarto al corazón, ese corazón que ponía en todo lo
que escribía y locutaba. D.E.P. el gran Cronista de la actualidad.
91 8470225
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