sábado, 30 de junio de 2012
La vida es un teatro popular
En el viejo teatro-cine de Guadalix de la Sierra (Madrid) asisto al reestreno de "Los cinco lobitos", comedia original de los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero que el grupo "Si no lo veo no lo creo", dirigido por el ex practicante del pueblo David Quintanilla, ya había presentado ¡treinta años antes! en el mismo local. Esto se llama afición popular, y allí estaban todos los vecinos aplaudiendo la labor de sus paisanos, a lo largo de cuatro funciones, ¡nada menos! Y de noche-noche, como se hacía en aquellos otros tiempos, aunque sin llevarse la silla a la plaza.
Recordaréis que fue en Guadalix de la Sierra donde García Berlanga rodó la película "Bienvenido Míster Marshall" con Pepe Isbert y Lolita Sevilla, aunque en los títulos de crédito figure como localización Villar del Río (Córdoba), pues así lo quiso el cineasta en honor de su mujer, que había nacido allí. En Guadalix se alza también la Casa del Gran Hermano de Tele 5, y de esa confluencia de medios artísticos es muy posible que nazca y se mantenga el gusanillo del teatro en el pueblo serrano que lleva el nombre de su río: Guadalíx (agua de alisos).
"Los cinco lobitos" es un juguete cómico un poco alargado quizás, pero pone de actualidad un feminismo simpático que ya en 1934, cuando se estrenó con éxito en Madrid, hizo las delicias del respetable, ahora aumentadas sin duda, viendo cómo ha ido degenerando, especialmente en el lenguaje no sexista, siempre irónico, gracioso, cargado de simbolismo y ambigüedad. Al final es el amor el que todo lo arregla o todo lo descompone, según como se mire o se entienda la comedia, pero yo no se la voy a destripar aquí.
Mi felicitación jubilosa al protagonista Don Félix, encarnado valientemente por Alejandro Lastra, así como a Lisardo, su secretario (Carlos Serrano) y a las cinco lobitas, ya un poco maduras, con un especial notable alto para Angelita Amores en el papel de la dos veces viuda "Olga", Conchita Cifuentes la "Yayata" mecánica o mecánico, y Yolanda Hernán, "Chatina", la ¿perfecta? secretaria.
Otro grupo teatral integrado por gente del pueblo, "Trazos", que ha creado y dirige Ana Galisteo Pérez con el apoyo del Ayuntamiento, realiza montajes y recitales poéticos a lo largo de todo el año, y ya ha subido a las tablas Don Juan Tenorio, de Zorrilla, La vida es sueño, de Calderón de la Barca, y La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, además de sus propias obras, entre las que hay que destacar: Soliloquio de Carmen, El tren de las ruedas cuadradas, El viaje de los animales y Hay que deshacer la casa.
a.sotopa@hotmail.com
jueves, 28 de junio de 2012
El verano se pone farruco
Este verano se ha puesto farruco y estamos a su disposición soberana hombres, tierras, aires y mares. No hay día que la temperatura no exceda de los treinta grados centígrados y centípretos, ni noche lunada que baje de los veinte redondos marcapasos en las playas o en el interior mesetario. Con esos termómetros asolados, en los que se dispara el mercurio creciente, es imposible pensar o conciliar el sueño. Incluso la siesta a la sombra de los árboles enramados encima del césped huraño se torna pesada y uno no para de dar vueltas al cuerpo dorado a la brasa ni de quitarse a manotazos limpios las moscas y las hormigas inoportunas y pertinaces. Siempre te asesta su dardo venenoso un insecto volátil, avaro de sangre caliente, la tuya, sin más, crema al canto, dale que dale.
No sopla ni una brizna de céfiro, y hasta los pájaros cantores parecen que están fritos; algunos he visto caídos de las ramas de los chopos y los pinos, imagino que por insolación. Se trata de crías casi implumes, que acaso estaban ensayando su primer vuelo a la libertad. Pues ni por esas. La libertad se consigue, no se otorga, pájaros míos.
El cielo se ha detenido a plomo sobre nuestras cabezas, son rejones vibradores los rayos del sol, la esfera terrestre está a punto de explotar como un globo demasiado hinchado por un niño, el niño Cupido, arquero del amor, que no para de hacer de las suyas. ¿¡Cuantos quereres veraniegos se desvanecen luego en los otoños, cuando la vida se muestra sin el ardor de la testorena?!
La quietud de la naturaleza es pasmosa, ahora. Pasmados estamos todos. Jorge Guillén lo describiría mejor en su Cántico exultativo: "Queda curvo el firmamento/ compacto azul sobre el día,/ es el redondeamiento/ del esplendor: mediodía/ Todo es cúpula, reposa/ central, sin querer, la rosa/ a un sol en cenit sujeta,/ y tanto se da el presente/ que el pie caminante siente/ la integridad del planeta".
El agua del río se ha remansado contra las rocas, forma pequeñas lagunas de ranas salteadoras y croadoras, y sobre ellas flotan nubes de mosquitos, mientras un vaho vagamente gris o azulino se exhala de la superficie, tabla de salvación de "aviones", mariquitas de trajes andaluces y mariposas vibrátiles. A cazarlos/cazarlas ¿quién y cómo?
Bajo a la piscina de la urbanización en que resido e intento participar en la tertulia de los vecinos, pero las palabras nos pesan en el paladar y en la faringe, y salen como arrastradas de la boca, sin la picardía ni la galanura de otras veces. Parecemos en conjunto fantasmas de nosotros mismos, drogados por la naturaleza palpitante, que nos asume y consume.
Cuando los bañistas acompañantes se tienden en la yerba, frescos y goteantes, las golondrinas ocupan su espacio diletante en el cuadrilátero líquido perfectamente quimioteado y salen volando con algo, no sé qué, en el pico. Allá ellas, pero sacian su sed, por lo menos.
¿Hasta dónde, cuándo y cómo se extenderá esta ola de calor?. No es "cruel" abril, amado Thomas Eliot, el de "la tierra baldía" que tanto releí; el mes más cruel es este junio indolente, abrasador y terrateniente que pone a caldo los sombreros y descamisa los torsos de los veraneantes.
a.sotopa@hotmail.com
No sopla ni una brizna de céfiro, y hasta los pájaros cantores parecen que están fritos; algunos he visto caídos de las ramas de los chopos y los pinos, imagino que por insolación. Se trata de crías casi implumes, que acaso estaban ensayando su primer vuelo a la libertad. Pues ni por esas. La libertad se consigue, no se otorga, pájaros míos.
El cielo se ha detenido a plomo sobre nuestras cabezas, son rejones vibradores los rayos del sol, la esfera terrestre está a punto de explotar como un globo demasiado hinchado por un niño, el niño Cupido, arquero del amor, que no para de hacer de las suyas. ¿¡Cuantos quereres veraniegos se desvanecen luego en los otoños, cuando la vida se muestra sin el ardor de la testorena?!
La quietud de la naturaleza es pasmosa, ahora. Pasmados estamos todos. Jorge Guillén lo describiría mejor en su Cántico exultativo: "Queda curvo el firmamento/ compacto azul sobre el día,/ es el redondeamiento/ del esplendor: mediodía/ Todo es cúpula, reposa/ central, sin querer, la rosa/ a un sol en cenit sujeta,/ y tanto se da el presente/ que el pie caminante siente/ la integridad del planeta".
El agua del río se ha remansado contra las rocas, forma pequeñas lagunas de ranas salteadoras y croadoras, y sobre ellas flotan nubes de mosquitos, mientras un vaho vagamente gris o azulino se exhala de la superficie, tabla de salvación de "aviones", mariquitas de trajes andaluces y mariposas vibrátiles. A cazarlos/cazarlas ¿quién y cómo?
Bajo a la piscina de la urbanización en que resido e intento participar en la tertulia de los vecinos, pero las palabras nos pesan en el paladar y en la faringe, y salen como arrastradas de la boca, sin la picardía ni la galanura de otras veces. Parecemos en conjunto fantasmas de nosotros mismos, drogados por la naturaleza palpitante, que nos asume y consume.
Cuando los bañistas acompañantes se tienden en la yerba, frescos y goteantes, las golondrinas ocupan su espacio diletante en el cuadrilátero líquido perfectamente quimioteado y salen volando con algo, no sé qué, en el pico. Allá ellas, pero sacian su sed, por lo menos.
¿Hasta dónde, cuándo y cómo se extenderá esta ola de calor?. No es "cruel" abril, amado Thomas Eliot, el de "la tierra baldía" que tanto releí; el mes más cruel es este junio indolente, abrasador y terrateniente que pone a caldo los sombreros y descamisa los torsos de los veraneantes.
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